Y a la tercera llegaron Los Mangos

Esteban Montero, Agencia HINA

CHICAGO — La tercera fue la vencida para Eladio y Judith Montoya. Después de dos malogrados intentos como comerciantes, este matrimonio pegó un grand slam con su nevería y frutería Los Mangos. En 19 meses han abierto cuatro localidades, dos de ellas en el barrio de sus amores, La Villita. “Estamos en shock todavía. El negocio creció muy rápido. Nunca nos imaginamos lo que es ahora”, admite Eladio en entrevista con Negocios Now.

Las raíces de esta minicadena se remontan cuando el matrimonio empezó a vender raspas y nieves en la dulcería que regenteaban en 31th St. y Avers Ave. de La Villita. “Nos funcionó mejor lo de la nevería. Poco a poco se fueron dando las cosas, hasta que esa esquinita donde vendíamos raspas y nieves nos empezó a dejar más dinero que la dulcería”, señala Judith. Entonces, una noche, pensando en negocios rentables, los Montoya dijeron, “Vamos a ver qué soñamos”, recuerda Eladio. Al despertar, decidieron cerrar la dulcería y abrir una neveríafrutería.

Eran los finales de 2011. La dulcería había sido su segundo negocio; antes habían tenido un negocio de alquiler de mesas y sillas para fiestas. Eladio y Judith, de 33 y 30 años, se habían turnado para atender ambos negocios mientras trabajaban a tiempo completo, él como chofer de tráilers y ella como secretaria. Esto, además de criar a sus dos hijos pequeños. En febrero de 2012 inauguraron Los Mangos, su tercer negocio, en el mismo local de la dulcería, con un mínimo de inversión y un máximo de creatividad. “Abrimos la nevería con refrigeradores usados. Todo era usado”, evoca Eladio. “Experimentamos con las nieves a ver qué pasaba”.

Uno de esos experimentos, las mangonadas — que consiste en nieve de mango con chile, limón y salsa chamoy — se convirtió en un rotundo éxito. Pero hubo algo en lo que no se atrevieron a experimentar y que los distinguió de otros negocios de La Villita. “Empezamos chicos, pero nos tomamos el negocio tan en serio como lo hacen los grandes”, dice Eladio. Eso incluye el trato al cliente, para empezar. “Siempre saludábamos a todos los clientes, desde que teníamos la dulcería. A algunos de ellos les extrañaba esto. Había algunos que pensaban: ‘¿Y qué les pasó a estos? Hasta parecen la mera verdad’’, evoca Eladio. Esta norma se ha extendido a todos los trabajadores de las cuatro sucursales de Los Mangos, quienes también reciben capacitación para atender al cliente, visten uniforme y conocen la lista de frutas y nieves al pie de la letra. “Esto es como las grandes cadenas de restaurantes. Aquí el cliente puede ver las mangonadas, los yogurts, los smoothies antes de ordenarlos”, explica Eladio, señalando la hilera de fotografías que cuelgan de las paredes.

Esta profesionalización no ha pasado inadvertido por otros comerciantes de La Villita, quienes les han comentado a los Montoya que Los Mangos han elevado el nivel de comercio de la 26, de acuerdo con Eladio. “La Villita es el corazón de Chicago”, dice. “Nosotros jamás pensamos en poner un negocio esperando que los clientes van a venir porque tienen que venir; nosotros estamos regresándole algo a la gente: buen servicio”. El cliente es lo primero La entrevista se desarrolla en Los Mangos del 3551 W. 26th St. de La Villita, la segunda localidad que los Montoya abrieron en junio de 2012. En cuestión de 15 minutos entra una docena de personas, entre ellas un repartidor de periódicos, un proveedor y clientes.

Todos ellos son recibidos por el cálido “buenos días” de los Montoya; y todos ellos le devuelven el saludo a la pareja, con una sonrisa de esas que dibujan aquellos a quienes les han hecho el día y que no terminan de acostumbrarse a las mañanas frías de Chicago, aunque sea otoño. De acuerdo con Eladio, las ventas de nieves y fruta caen hasta un 50 por ciento en invierno. En respuesta, Los Mangos también vende tamales, atole y champurrado. “Esto nos ha ayudado a compensar las pérdidas”, explica y agrega que el menú de inverno está disponible el resto del año.

En este punto de la historia, los Montoya se preparan para inaugurar su quinto Los Mangos, en W. 26th St. y S. Springfield Ave. Se trata de la tercera sucursal en La Villita, el barrio donde ellos se conocieron,se enamoraron, se casaron hace 12 años, y donde viven con sus hijos Iván y Eladio Jr., de 11 y 9 años. Fuera de La Villita, el matrimonio abrió Los Mangos en el sur de Chicago en W. 58th St. y S. Pulaski Rd. en septiembre de 2012, y otro en Aurora en marzo de 2013. “Estamos enfocados en crecer”, asegura Eladio. “Queremos tener presencia en Cicero y también en Berwyn”. Eladio pone la moraleja de su historia de manera simple: “No hagan caso a los demás; mejor hagan las cosas. A la gente no le gusta verte triunfar”. “No hay que quedarse con el ‘qué hubiera pasado si hubiera hecho eso’”, secundó Judith.

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