El Paseo de La Villita

Cada vez que Chicago anuncia una nueva construcción, casi de cualquier cosa, despierta en mí una curiosidad irrefrenable, por el solo hecho de vivir en la ciudad que vio nacer los rascacielos y tiene un gusto muy fino para la arquitectura de avanzada.
Desde 1885, cuando el arquitecto William LeBaron Jenney levantó el Home Insurance Building, un edificio de 10 plantas considerado entonces el primer rascacielo del mundo, la ciudad ha visto surgir con orgullo construcciones que se han convertido en puntos de referencia.
He aquí la Torre Willis (antes Sears), que hasta 1998 fue el edificio más alto del mundo, o el diseño futurista de Millennium Park con el impresionante pabellón de conciertos Jay Pritzker, el Crown Fountain y un mágico frijol llamado Cloud Gate.
Pese a los problemas de financiamiento que atraviesa desde hace años, la ciudad no para de construir autopistas, puentes, complejos deportivos, edificios y hoteles, como el que se edificará en Navy Pier para 2018.
Días atrás, el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, también anunció la creación de “El Paseo”, un corredor de cuatro millas que unirá a Pilsen y La Villita, en un espacio rodeado de jardines y un ambiente cultural.
A golpe de vista parece una buena idea que, por una parte, aprovecharía senderos y el espacio ocupado por viejas líneas de tren en desuso y, al mismo tiempo, mejoraría la calidad de vida de los residentes de ambos barrios, quienes podrían correr y montar bicicletas sin temor a ser atropellados por un vehículo.
La iniciativa fue recibida con beneplácito por líderes empresariales, como Jaime de Paulo, presidente de la Cámara de Comercio de La Villita, para quien El Paseo será, además,”un espacio bonito y seguro para nuestras familias, que ayudará a la economía de los negocios atrayendo a familias a disfrutar de nuestra rica y colorida cultura”.
Sin embargo, algunos líderes comunitarios temen que las buenas intenciones de mejoría terminen en convertirse en un paseo sin regreso de miles de residentes en esos barrios.
La inquietud viene por la amarga experiencia de un proyecto similar en Logan Square y Bucktown, bautizado como “606”, donde con la modernización del barrio llegó también una subida desmesurada de los impuestos y, con ello, el fenómeno de desplazamiento o gentrification de familias que vivieron allí por mucho tiempo.
Negocios Now apuesta también por El Paseo La Villita-Pilsen, en aras de una mejoría en la calidad de vida de sus residentes, el positivo impacto en los negocios y, en definitiva, el continuo desarrollo de una ciudad que se abre paso frente a un sinnúmero de obstáculos.
Pero a la vez, exige a las autoridades que desde ya promulguen leyes encaminadas a proteger la existencia de una comunidad mayoritariamente latina que quiere seguir viviendo donde están, en Pilsen y La Villita, y no necesitan un aumento de los impuestos para mejorar sus vidas.

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