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Lo más difícil que hemos vivido”

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Jesús Marín, dueño de El Pollo Bravo, y María Méndez, propietaria de La Chaparrita Taquería, figuran entre un sinnúmero de restauranteros hispanos que sobreviven a duras penas al escenario adverso creado por el COVID-19

Tomado de Negocios Now

Jesús Marín es de esos hombres que no se dejan intimidar por las adversidades, aunque éstas lleven por nombre Covid-19.
Y su adversidad no es de poca monta. Durante los meses de marzo a mayo, su restaurante “El Pollo Bravo” permaneció cerrado y apenas en junio reabrió parcialmente para ofrecer servicio de entrega a domicilio y dar la opción a sus clientes de recoger la comida en su establecimiento.
“Este ha sido el tiempo más difícil que hemos vivido en los últimos 7 años”, admitió el empresario de este negocio familiar.
“De todos los empleados que teníamos, solo trabajamos ahora mi esposa, mi hija y yo. Apenas nos alcanza para el salario, pero al menos de aquí comemos”, dijo. Gracias a Dios hay una señora que nos ayuda los fines de semana.
La historia de Marín es similar a la de otros muchos restaurantes de la ciudad que luchan por sobrevivir al impacto de la pandemia que ha afectado a esta industria como pocas.
“Gracias a Dios seguimos adelante, pero hay muchos que no la hicieron”, dijo en referencia al cierre permanente de otros restaurantes.
De acuerdo con la Asociación Nacional de Restaurantes, se espera que alrededor de 5,000 bares y restaurantes de Illinois cierren permanentemente como resultado de la pandemia, lo cual representa entre un 20 y 25 por ciento del total.
En Chicago, se permite comer en interiores a no más del 25 por ciento de su capacidad.
Fuera de la ciudad, las reglas estatales de distanciamiento social que requieren 6 pies entre las mesas generalmente significan que los restaurantes no pueden estar a más de la mitad de su capacidad.
Marín asegura que intentó darle acceso al interior del restaurante a los clientes, pero como algunos de sus comensales no cumplían con la regla de ponerse una máscara, decidió dedicarse nada más a la entrega y recogida de comida.
Al final Marin y familia están saliendo adelante con su pollo bravo, cocinado al carbón y que sirve con frijoles, papas, cebolla, tortillas y una soda por solo $20.50.
Los martes y los miércoles, tiene la oferta de un pollo y medio por el mismo precio.
“La situación es difícil para todos, pero la gente se ha mantenido fiel. Nuestro pollo asado es único por esta área, gusta mucho, y eso nos ayuda. Espero que todo esto pase pronto”.

La Chaparrita Taquería

La Chaparrita Taquería ubicada en 2500 S Whipple St., en el sur de la Ciudad, es otro restaurante que sufre el impacto financiero que ha provocado COVID-19

“Antes los ingresos provenían de las ventas dentro del restaurante y la comida que compraban para llevar, pero ahora con la pandemia, sólo podemos ofrecer el servicio para llevar. Y no es mucho en realidad ”, dijo la propietaria, María Méndez.

Para mantener el negocio en marcha y trabajar con el nuevo entorno COVID-19, La Chaparrita ha utilizado UberEats, DoorDash y Grubhub para continuar enviando pedidos, pero esas empresas de entrega ‘muerden’ una buena comisión de cada orden.

La Chaparrita tiene una larga historia, 17 años en total, con múltiples ubicaciones en Chicago. Méndez dice que cada vez que se abre una nueva ubicación es como empezar un restaurante nuevo, pero el negocio funciona bien debido a la llegada de los clientes.

COVID-19 obligó a La Chaparrita a hacer algunos cambios para sobrevivir. Ahora ya no hay citas previas de clientes, como Méndez estaba acostumbrada a ver a lo largo de los años, y la empresaria tuvo que tomar decisiones financieras difíciles.