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“Por lo regular no busco el dinero, sino el éxito”

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Como la certificación como empresa de minoría abre las puertas a Ricardo “Rico” Martínez, fundador de Water Integrated Treatment Systems, LLC.

 

Negocios Now

 

Es la historia de un hombre nacido en Estados Unidos, que de niño cruzó la frontera a México, la tierra de sus padres, donde creció y se hizo ingeniero, y quien regresó a su país natal a los 21 años, aprendió rápidamente inglés y creó una empresa que genera 6 millones en ventas.

Pero sí inusual es su historia, no menos resulta el negocio de su vida. Water Integrated Treatment Systems, LLC, como Ricardo “Rico” Martínez nombró su empresa basada en Dolton, Illinois, se dedica al tratamiento de aguas industriales. “No conozco otro latino en todo el país que tenga una compañía similar”, dijo.




Curiosamente, la ruta empresarial de Rico comenzó un fortuito dia de 1993 en un mercado de Chicago, cuando conoció a Esteban Luviano, su actual gerente general de Tratamiento de Agua. Para entonces el empresario trabaja en una planta automotriz a punto de cerrar.

“Esteban trabajaba en una empresa de tratamiento de agua. Me dijo que estaban buscando una persona para mantenimiento, y le dije que yo podía hacer el trabajo, apliqué y a los pocos días me dieron el puesto”, comentó.

En realidad, Rico era entonces una persona con una posición privilegiada para continuar creciendo profesionalmente. Estudió ingeniería mecánica-eléctrica en la Universidad de Nuevo León, México,  y al regresar a Estados Unidos se fogueó en una compañía que hacía carrocerías de autos.




Pronto el “hombre de mantenimiento” empezó a enamorarse de la industria de  aguas industriales que “llegaban bien sucias y, luego del tratamiento, salían cristalinas”, dice. Así que empezó a leer del tema, sacó su licencia y le pidió infructuosamente  a sus jefes que le dieran la oportunidad de tratar aguas.

De pronto nació una oportunidad. “Se necesitó un operador que cubriera un turno de 3 am a 11 de la mañana y nadie quería laborar en esas horas. Me ofrecí de voluntario y ahí empecé a meterme en los laboratorios para analizar las aguas, como la concentración de metales”, recuerda.

De aquella época recuerda algo con humor. “Fue bien interesante, rompí las máquinas unas 16 veces, pero como estaba solo (y era ingeniero mecánico-electricista) las volvía a arreglar. Yo aprendí primero a arreglar máquinas y luego a operarlas”, sonríe.

 

 

La pasión de Rico

 

Una vez que entendió cómo era todo el proceso para el tratamiento de agua, se concentró en simplificarlo y a rediseñar plantas que permitiera procesar más cantidad de aguas en menos horas.

Con el tiempo, esta industria relativamente nueva, se convirtió en su pasión, y sus compañeros de trabajo, en una familia, en una relación de confianza mutua a tal punto que fue capaz de arriesgar su propia vida.

“Nunca olvidaré el día en que mi jefe quedó atrapado en un incendio. Me lancé a rescatarlo pero cuando lo saqué ya era demasiado tarde. Lamentablemente falleció tres días después”, recuerda con tristeza.

Tras el incidente, la compañía fue vendida y los nuevos dueños pidieron a Rico que se uniera a otros ejecutivos para construir nuevas plantas, lo que ayudó a consolidar sus sueños de tener su propia empresa.

“Construimos tres plantas y modificamos otra. Empezamos a hacer plantas muy grandes. De 15 tanques para el tratamiento y 7 mil galones,  pasamos a 25 tanques. Las expectativas de la compañía en crear volúmenes”

Todo ese bagaje se lo llevó Rico Martínez a Water Integrated Treatment Systems, LLC, la empresa que creó en 2015 junto a otros dos socios  y que está más enfocada en la eficiencia que en los volúmenes de producción.

“Buscamos perfeccionar los procesos, introduciendo plantas modernas en sus laboratorios para la detección de metales en el agua y comprobar que no estuviéramos procesando material peligroso”, insiste.

Su obsesión por la eficiencia  ha ayudado en el crecimiento. Su empresa tiene hoy tres plantas y espera inaugurar una más en Kenosha, Wisconsin, a principios del próximo año.

“Muchas de las compañías que procesan aceites, petróleo y otras sustancias usan agua, y una vez usada, esa agua está contaminada a tal grado que no la pueden verter en el drenaje. Mi empresa la recoge antes, la limpia y luego la vertemos en el drenaje”, explica.

Detrás de todo ese perfeccionismo, hay un hombre que “por lo regular -asegura- no busco el dinero, sino éxito”.

 

 Una empresa de  minoría

 

Pero en realidad, el verdadero crecimiento hacia el éxito vino luego de convertirse en una empresa de minoría (MBE). Rico no sabia de esta certificación que ha beneficiados a cientos de miles de pequeños empresarios del país. De Illinois Hispanic Chamber of Commerce, lo guiaron a Chicago Minority Supplier Development Council, donde conoció a Phil Barreda y fue certificado.

“La certificación ha sido clave en nuestro crecimiento. Me abre muchas puertas. El 30 por ciento de mis clientes vienen gracias a mi condición de empresa de minoría. Cuando empecé la compañía hace tres años éramos 4, hoy somos 40 y trabajamos con grandes clientes como ComEd, Econ, People Gas y muchos más.

Sin embargo, lo que más le satisface a Rico no es tanto el éxito de su empresa como el impacto en en sus trabajadores.

“Tengo la bendición que la compañía que hice con mis socios alimenta a 40 familias y vamos por más. Cuando hacemos nuestra fiesta de “picnic” y vienen más de 100 personas, o paso por el estacionamiento y veo carros nuevos, te das cuenta que lo que tu hiciste está haciendo felices a las personas, eso me da una satisfacción muy grande. NN

 

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