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Restauranteros enfrentan “crisis” de mano de obra

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Alberto González, propietario de los restaurantes 90 miles Cuban Café, piensa que la subida del salario mínimo a  $12 la hora vino a dar al traste con la ya agónica falta de mano de obra que golpea a los restaurantes.

Hispanic News Agency (HINA)

Alberto baraja algunos factores que se han puesto difícil encontrar la mano de obra de mano para operar los restaurantes y han puesto en una situación precaria a la industria de servicios gastronómicos.

Las causas pudieran ser que están encontrando más trabajos que con mejores salarios, en los que tal vez se sientan más cómodos; otro, la llegada de los autos de alquiler particulares, Uber y Lyft, y, sin duda, la implementación del nuevo salario mínimo, a $12 la hora.

“Estamos en una crisis de mano de obra. Muchos restaurantes han abierto y la mano de obra está escasa. No podemos encontrar los mismos empleados como hace tres años que estaban disponible”.

Estamos trayendo empleados que no tienen la capacidad, y quienes ganaban ese de $12 la hora, ahora quieren hasta $15 la hora.

Las personas que ahora aceptan esos salarios anteriores, no tienen la misma experiencia, y básicamente trabajan por dos semanas y se van.

Las personas que trabajan por $14 quieren un overtime.

“Quiere decir que para fabricar un sandwich cubano te cuesta 21 dólares. Tienes que tener el factor de volumen para poder sobrevivir. La gente se va a veces por 50 centavos más”.

Muchos de los empleados que llegaban con ganas de trabajar, han desaparecido. La inmigración ha parado en forma increíble y muchos de ellos posiblemente temen a que hagan una redada y se van, por su propia voluntad.

La industria de la hospitalidad está sufriendo increíblemente en todo Chicago. Y posiblemente, todos el país.

“Hace unos cuatro años en el Post había leído un artículo advirtiendo que los clientes iban a sentir los que los restauranteros en los próximos dos o tres años. Y básicamente es lo que estoy sintiendo ahora”, describe con cierto desencanto.

Los clientes andan buscando un servicio que es casi imposible dar hoy por la falta de disponibilidad de personal: “A veces estamos atendiendo un restaurante con menos empleados. Los que tenemos, están trabajando muchas horas y los estamos quemando”.

Trabajando demasiado y arriba de eso, el factor del overtime nos está exprimiendo también a los restauranteros.

“Chicago es una ciudad, como me gusta decir, de middle potatoes. La gente son bien simples, no es como New York, donde ha subido la renta, y la gente sabe que hay que pagar cierta cantidad de dinero para poder consumir en cualquier restaurante”, se queja.

Hay una percepción de que la comida latina debe de ser más barata.

“Pero al final del día pagamos lo mismo que un restaurante americano o italiano paga por su comida y la gente sin mucho preguntar paga lo mismo” describe.

“ROPA VIEJA” CON PRECIOS ALTOS

Pone por ejemplo, la “ropa vieja” hecha con carne de res, que está súper cara, por el impacto de los precios de la mano de obra de los proveedores.

“Eso nos obliga a subir los precios y nuestros clientes ponen el grito en el cielo, pero si van a un lugar italiano y pagan por un pasta con salsa 20 dólares, no quieren pagar a nosotros por un platillo nuestro, que lleva una mano muy elaborada y una proteína que ha sufrido incrementos de mano obra”, explica.

Los impuestos han subido, y la solución debe abarcar los problemas migratorios.

“Debe de existir a manera de traer mano de obra llegada y legalizada a EEUU donde esas personas sepan que vienen a trabajar, pero debe de ser gente capacitada para dar el servicio que nuestros clientes esperan”, propone el inversionista.

En tres restaurantes, en el verano se emplean unas 150 personas; pero los clientes no pueden pagar el incremento que ha habido.

El dilema es: “no puedo pagar el servicio que nuestros clientes están acostumbrados”, retrata la trampa.

Las decisiones a tomar deben ser drásticas: “posiblemente subir nuestros precios para podernos mantener con márgenes de ganancias que tenga sentido, quedarnos con el negocio”

UN FUTURO INCIERTO.

En los próximos cuatro o cinco años, las personas van a ver los cambios.

“Hoy es difícil que la gente vea los cambios que hay que ver, tenemos que subir los precios, porque el hecho de que estamos pagando más por empleados, por servicios”.  Esa inversión tiene que estar compensada.

La experiencia está llena de paradojas: “es una crisis de empleomanía, pongo un anuncio y la mayoría no llega a la entrevistas, a todos los niveles, gerentes, cocineros, barman, no hay mano de obra. La industria está tan escasa que estas personas que tienen la primera entrevista, se van”, describe.

No tiene dudas: la actual política migratoria está afectando la economía de servicio.

“Estamos en una crisis, llevo en el negocio 10 años y en los últimos años se están afectando, hoy en día mis gerentes están poniendo el grito en el cielo porque no pueden conseguir empleados y me está afectando en las operaciones diarias”, insiste en su verdad.

La clientela parece no enterarse de esa situación.  La gastronomía enflaca y puede sucumbir.